Nuevas Ideas para Reducir la Pobreza Extrema

by Sebastian Galiani on 14 mayo, 2011 · 11 comments

Recientemente, en un reportaje publicado en el diario La Nación, Stephen Hawkings afirmó: “cuando abrimos la puerta a un nuevo rango de observaciones, frecuentemente encontramos algo que no esperábamos. Allí es cuando la física se pone realmente excitante.” Eso mismo es lo que está ocurriendo en el campo del desarrollo económico, donde un conjunto nuevo de datos, experimentos, y cuasi-experimentos, están influenciando la forma en que pensamos las políticas sociales. Hoy voy a focalizarme en un nuevo libro que da cuenta de parte de esta agenda de investigación y que acabo de terminar de leer: Poor Economics de Abhijit Banerjee y Esther Duflo (pronto escribiré sobre otro libro muy relacionado que he comenzado a leer en estos días: More than Good Intentions de Dean Karlan y Jacob Appel).

En la última década los economistas que trabajan en desarrollo económico han promovido intensamente la evaluación rigurosa de distintas intervenciones de política pública que buscan ayudar a las familias pobres. De hecho, buena parte de la evidencia discutida en Poor Economics ha sido desarrollada por los mismos autores, y por un grupo de investigadores nucleados alrededor del laboratorio de investigación que ellos crearon en el año 2003: Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab (J-PAL), del que yo también formo parte. Recientemente J-PAL ha lanzado su oficina para América Latina con el objetivo de estimular esta agenda de investigación en la región (que viene rezagada en términos de evaluación de programas sociales, siendo un caso extremo el de Argentina, donde casi ningún programa importante ha sido evaluado aún).

Como ya hemos discutido acá, la evaluación rigurosa del impacto de una intervención pública requiere poder controlar hipótesis que provean explicaciones alternativas para los comportamientos de interés. Idealmente, aunque no exclusivamente, esto se logra a través de la realización de experimentos en los cuales la asignación de los beneficiarios potenciales a una intervención –y a un grupo de control que nos permita identificar el escenario contra fáctico– sea aleatoria.

Una pregunta importantísima que muchos investigadores nos hemos hecho varias veces en los últimos años es la siguiente: muchos de los experimentos recientes muestran que los individuos pobres no adoptan por si mismos soluciones a sus problemas que son altamente costo-efectivas. ¿Cuál es el motivo de ello? Una característica del libro de Banerjee y Duflo que me gustó mucho es que estos autores no le escapan a esta pregunta. De hecho, intentan contestarla.

Una cuestión importante que resaltan estos autores es que los problemas de conocimiento no sólo afectan a los hacedores de políticas, sino también a los beneficiarios potenciales de las mismas. En esta línea, una de las ideas clave del libro es la siguiente: una combinación de falta de información y expectativas incorrectas pueden hacer que los individuos pobres se vean atrapados en la pobreza al no adoptar acciones que mejorarían su nivel de vida considerablemente.

Consideremos como ejemplo la salud de los individuos pobres. Como discuten Banerjee y Duflo, muchos de los problemas básicos en esta área son aquellos para las cuales la tecnología, por así decirlo, es muy simple. Por ejemplo, para tratar casos de diarrea, la  Solución de Rehidratación Oral (SRO) ha demostrado ser una cura simple, barata, eficaz y de fácil acceso. A su vez, esta y otras enfermedades transmitidas a través del consumo de agua pueden mantenerse controladas mediante la cloración del agua usando tecnología muy barata y fácilmente disponible. Sin embargo, estas soluciones supuestamente fáciles y costo-efectivas son muy poco utilizadas por los pobres. Lo mismo ocurre con la vacunación de los niños. No hay forma más eficaz de prevenir un gran número de enfermedades que vacunarse. Sin embargo, las estadísticas muestras que las tasas de vacunación completa de los niños pobres son muy bajas, aún cuando las vacunas están accesibles. En cambio, las familias pobres gastan mucho dinero en medicina curativa para tratar de remediar los problemas de salud en que incurren al no haber adoptado medidas preventivas más eficientes.

Banerjee y Duflo argumentan que los pobres cargan con demasiadas responsabilidades sobre muchos aspectos de sus vidas – a diferencia de nosotros, ellos son responsables de asegurarse de que su agua esté limpia, no siempre tienen la presión de vacunar a sus hijos para que puedan asistir a la escuela, no pueden darse el lujo de comer cereales fortificados durante el desayuno y así tienen que trabajar más duro para asegurarse que sus hijos reciban los nutrientes adecuados, etc. Por ello, concluyen estos autores, las políticas sociales deben inducirlos -a través de incentivos, o proveyéndoles mejor acceso a los bienes públicos, o mejor información sobre las consecuencias de distintas intervenciones- a que realicen acciones que están en su propio interés hacerlas, pero que debido a problemas de información, de creencias, o de comportamiento los individuos pobres no llevan a cabo. Estas acciones, claro está, deben ser costo-efectivas. Muchas de ellas, además, tienen importantes externalidades sociales. Es importante darse cuenta que nosotros, quienes no vivimos en la pobreza, justamente por ello, no debemos lidiar con estas cuestiones en nuestra vida cotidiana.

Entonces, siguiendo este argumento, el nivel de conocimiento acerca de cómo funciona el mundo con que cuentan los hogares, es una variable clave a la hora de entender cuál es el espacio de acción que tienen los programas públicos. La información, o el conocimiento, que poseen dichos hogares afectarían su toma de decisiones, condicionando la participación en los programas y la eficacia de los mismos.

El conocimiento con que cuentan los hogares –y no sólo los hogares pobres- es, hemos dicho, limitado. Por ejemplo, la relación que los individuos perciben entre sus acciones y su salud difiere de la real, por dos motivos. En primer lugar, el conocimiento más avanzado de la época – el “best practice” – es en general imperfecto, y puede estar equivocado en mayor o menor medida. En segundo lugar, puede existir una distancia entre el estado del arte, y el conocimiento que efectivamente utilizan los hogares, sea porque éstos no conocen las mejores prácticas, o porque no están convencidos de su efectividad o conveniencia. El hogar, por lo tanto, enfrenta no sólo la familiar restricción presupuestaria, sino también una “restricción de conocimiento”. Un argumento muy importante en Poor Economics es que esta segunda restricción se potencia sustancialmente en los hogares pobres.

El libro de Banerjee y Duflo busca construir un relato coherente sobre cómo las personas pobres viven sus vidas, las limitaciones que los mantienen pobres, y las políticas que pueden aliviar esa pobreza. El libro se focaliza en los individuos extremadamente pobres, aquellos que viven con menos de un dólar por día. Es importante resaltar que utilizando esta definición de pobreza, América Latina, y Argentina en particular, tendrían tasas de pobreza relativamente bajas. De hecho, la mayoría de los ejemplos y estudios utilizados en el libro provienen de de África y el Sudeste Asiático, donde se concentra la mayor proporción de individuos pobres del mundo. Ello no implica que muchas de las lecciones que se derivan en este libro no sean relevantes para entender mejor la pobreza en América Latina. Pero sí implica que no todos los experimentos de política que ellos discuten puedan extrapolarse a nuestra región.

En mi opinión, el libro tiene una gran virtud: expone claramente el poder del método científico para estudiar un problema concreto. Poor Economics muestra que en el contexto de una agenda de investigación rigurosa podemos aprender mucho, no sólo sobre qué políticas son efectivas, sino también por qué lo son, y por tanto, ayudarnos a diseñar intervenciones aún más efectivas en el futuro.

Tanto Poor Economics como More than Good Intentions están escritos para una audiencia general, y sería bueno que todos los actores sociales involucrados en la lucha contra la pobreza los leyesen. Ambos libros presentan una parte importante de lo que se ha aprendido en esta área en los últimos años. Por supuesto, no todos los temas relevantes en el área de políticas sociales son tratados en estos trabajos, ni existe consenso sobre todas las conclusiones a las que llegan estos autores. A pesar de ello, su lectura es muy interesante, y tanto las respuestas que arrojan, como las preguntas que dejan abiertas estimularán la investigación y el debate en el área de la lucha contra la pobreza en los próximos años (en entradas futuras, me ocuparé específicamente de temas concretos como educación, micro-créditos y programas de transferencias de ingresos).

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Nicolobo mayo 15, 2011 a las 1:37 pm

EXCELENTE post. Me parece que uno de los méritos del mismo es escapar de esa discusión maniquea de izquierdas vs derechas, liberalismo vs dirigismo, etc. Bah, en realidad ahora que pienso todo el blog es bastante así ! Pero en esta entrada lo que se escribe es para mí muy revelador. Recuerdo de mis clases de filosofía una frase bien difícil de aplicar en la práctica: las cosas se reciben al modo del recipiente. Esto es clara aplicación: los pobres, reciben realmente el mensaje? Como lo reciben? Como lo procesan? Lo siguen? Se dan cuenta? Creo que el método tradicional en el pasado fue educar. Lamentablemente, la educación Argentina, por muchos motivos, está en el pozo. Si no arreglamos eso, difícilmente podremos pretender que para la gente en situación de pobreza las soluciones que muchas veces unos y otros gobiernos proponen sean asimilables y, en definitiva, útiles.

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Juan mayo 15, 2011 a las 10:38 pm

A mi me parece que este blog escapa esa discusion maniquea de izquierdas vs derechas. Por el contrario, me parece un excelente blog, bastante poco ideologico.

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Sebastian Galiani mayo 20, 2011 a las 10:51 am

Quizás me equivoco, pero me da la impresión que Nicolobo dice que este blog no es maniqueo. La verdad, a mi esas discusiones ideológicas mucho no me importan, pero debo reconocer que forman parte del debate. La verdad, más allá que hoy en día pensar como economista es tildado de derecha en Argentina, no creo que ello refleje el pensamiento de la mayoría de los que escribimos en este blog.

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Juan mayo 15, 2011 a las 10:39 pm

Sebastian, como se analizaria un programa como el del ingreso universal por hijo desde esta perspectiva?

Excelente post. Muchas gracias.

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Sebastian Galiani mayo 20, 2011 a las 3:13 pm

amazon.comA mí me parecería que un conditional cash transfer debería ser un muy buen ejemplo de uno de los argumentos fuertes de Banerjee y Duflo: Las políticas sociales deben hacer que las acciones deseadas sean el default option. Ahora bien, si recuerdo bien, ellos discuten un experimento en África donde hubo un grupo que recibió transferencias condicionales y otro que solo recibió transferencias de ingresos. Los resultados fueron similares. Entonces, argumentan que las condicionalidades no son necesarias, y que alcanza con la transferencia de ingresos para alcanzar los objetivos planteados por estos programas. También mencionan que otro estudio en África, preliminar, encuentra resultados similares.

Me parece que es una cuestión a monitorear seriamente. Quizás, asistencia a la escuela primaria no necesite de condicionalidades, pero otras acciones deseables sí. Esta es una cuestión que el Banco Inter-Americano de Desarrollo está ahora interesado en investigar en América Latina.

Otra cuestión que se ha discutido en la literatura es si estos programas son costo-efectivos. Acá, yo tengo una posición tomada. Me parece que uno no puede basar solamente una política social en programas que tienen efectos muy grandes en el largo plazo. En sociedades con altos niveles de desigualdad, la redistribución eficiente es una política esencial. Y estos programas han mostrado satisfacer esta característica –ver mi trabajo en este libro: http://www.amazon.com/Latin-American-Development-Priorities-Benefits/dp/0521766907/ref=sr_1_4?s=books&ie=UTF8&qid=1305915047&sr=1-4

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Sebastian Galiani mayo 20, 2011 a las 3:16 pm
Milagros mayo 18, 2011 a las 11:42 pm

Sebastián,

Muy buen post! Me sumo a la pregunta de Juan y tamién me gustaría saber tu opinión sobre el Plan Nacer desde esta perspectiva.

Muchas Gracias!

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Sebastian Galiani mayo 20, 2011 a las 4:29 pm

El plan Nacer parece tener un buen diseño, pero yo no conozco bien sus detalles. Sin embargo, uno de mis coautores, Paul Gertler, está trabajando en su evaluación –lo cual, de por sí, es muy bueno- y me ha comentado que los resultados preliminares son positivos.

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Roland Deschain junio 1, 2011 a las 10:07 am

Muy bueno Sebastian,

Me parece genial que se hagan review de libros nuevos que van saliendo, ya que por la amplia oferta que hay (si incluimos los viejos que todavia no lei) cuesta elegir cual comprar para leer primero.

Se agradece,

Roland

PD: que te parecio el capitulo sobre Instituciones? La escuche hace poco a Duflo en el BM hablar sobre el mismo y parecio como un alejamiento del “metodo cientifico riguroso” hacia ambitos mas socio-politicos, donde querer aplicar modelos economicos-matematicos pierde un poco de sentido.

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Eduardo Mitulo junio 6, 2011 a las 11:47 am

Muy buen post Sebastian!

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