Crédito: ¿Qué nos dicen las piedras?

by Sebastian Galiani on 5 diciembre, 2010 · 17 comments

Paco Buera, unas semanas atrás, nos contaba sobre los efectos nocivos de la falta de crédito sobre el desarrollo económico. Al final de su post se preguntaba por qué Argentina tenía tan poco crédito y especulaba que ello probablemente se debiese al comportamiento confiscatorio del ahorro que han tenido los distintos gobiernos. Luego, Juan Pablo nos decía que ese mal –al igual que otros – se debe a la insana costumbre del gobierno argentino de gastar más de lo que recauda.

Un gobierno “insolvente” más temprano que tarde termina de alguna forma apropiándose de recursos privados para financiarse. Esto es así pues el Estado posee una capacidad coercitiva que no poseen otras organizaciones en la sociedad. Así, por ejemplo, si el gobierno se excede en sus gastos, y no encuentra cómo financiarlos en el mercado de capitales  aún podría apropiarse del ahorro privado de diversas formas.

Una sociedad moderna está basada en la especialización. De hecho, esta especialización es, como bien señaló Adam Smith, una de las causas fundamentales de la riqueza de las naciones. Como bien sabemos, para poder obtener ganancias de la especialización, es imprescindible el intercambio entre las partes. Dicho intercambio se basa en acuerdos que se deben hacer cumplir. Si bien, en ciertos casos, las partes involucradas podrían comprometerse a cumplirlos, en general, ello es más probable  cuando un tercero impone las normas. Un tercero que implemente las reglas puede moldear los incentivos de las partes de modo que el beneficio neto que obtengan de interactuar sea mayor que el que alcanzarían si no lo hicieran.  Un crédito es un ejemplo claro de esto. Sin la existencia de coerción, ¿cómo hacer para que los deudores repaguen sus deudas? Por lo tanto, una economía moderna necesita de una organización (Estado) que haga cumplir los acuerdos entre terceros.

Sin embargo, esta capacidad de velar por el apego a las normas, requiere del desarrollo del Estado como una fuerza coercitiva. Lo cual implica que aquellos que manejan el gobierno pueden utilizar la fuerza pública en forma discrecional (y para beneficio propio). Así como el Estado puede proteger los derechos de propiedad también puede violarlos.  Toda sociedad moderna enfrenta este dilema: Cómo limitar el poder predatorio del Estado sin debilitar su capacidad de imponer las normas.

Un buen ejemplo histórico de este dilema son las monarquías constitucionales. En la Edad Media la mayoría de las naciones europeas estaban gobernadas por monarquías hereditarias. Sin embargo, mientras el mundo feudal cambiaba, varios grupos lucharon por obtener derechos políticos y reducir los poderes de las monarquías autocráticas. En Inglaterra, este proceso comenzó en el año 1215 con la firma de la Carta Magna. Sin embargo, el movimiento hacia una monarquía limitada no fue lineal ni simple. Los historiadores tienden a señalar a la Revolución Gloriosa de 1688 como el punto de inflexión, a partir del cual el parlamento inglés se constituyo en una organización que efectivamente limito el poder del Rey.

Holanda tuvo un desarrollo similar. Sin embargo, España y Portugal, por ejemplo, se movieron hacia el absolutismo.  En un libro ya clásico de historia económica, mi colega, y Premio Nobel de Economía, Douglas North (junto a Robert Thomas) argumenta que estas diferentes trayectorias institucionales tuvieron consecuencias enormes. Según estos autores, las economías de Holanda e Inglaterra se movieron delante del resto de Europa precisamente porque estos países lograron limitar la capacidad predatoria del Estado. Con el Parlamento controlando la política fiscal, la monarquía tuvo menos posibilidades de recaudar dinero a través de impuestos arbitrarios o a través de la concesión de derechos de monopolio. De esta forma, el desarrollo de monarquías limitadas constitucionalmente habría generado un clima de inversión favorable, donde se percibían derechos de propiedad más seguros, y donde floreció el crédito (Neal (1990)).

Quiero enfatizar ahora una cuestión que puede no resultar obvia. Es fácil ver que si se limita la capacidad predatoria del Estado, se generen condiciones más propicias para el desarrollo de los mercados de capitales. Menos obvio puede resultar que la concesión de monopolios para financiar al gobierno también pueda afectar el desarrollo del mercado de crédito.

En un interesante ensayo de historia comparativa, Stephen Haber (capitulo 3: Politics, Banking and Economic Development) se pregunta: ¿Por qué algunos países tienen grandes sistemas bancarios que asignan el crédito a la mayoría de la población, lo que permite un rápido crecimiento económico, mientras que otros países casi no poseen bancos en absoluto, lo que dificulta el crecimiento y limita la movilidad social? Para ensayar una respuesta a esta pregunta, Haber compara el origen del sistema bancario en Estados Unidos, Brasil y México, cuyas diferencias han tenido efectos de largo plazo.

Uno de los temas principales que se desprende al analizar la historia comparativa de estos tres casos es que los gobiernos podrían tener incentivos para crear sistemas bancarios regulados que generen las fuentes de financiación para el gobierno y rendimientos positivos para los banqueros; y que podrían hacer esto mediante la limitación de la competencia entre los bancos, lo que sube el costo del crédito para la población.

Explotando cambios institucionales en cada país a lo largo del tiempo, y entre países, Haber argumenta que las condiciones en las que se observan sistemas bancarios difundidos y competitivos son aquellas en las que la discreción del gobierno esta institucionalmente limitada (obviamente, esto no implica que está totalmente limitada, sino que se encuentra más limitada). Aquí, quiero señalar que en mi opinión esto quiere decir que el límite institucional es un equilibrio social, y no simplemente un diseño legal.

Según Haber, la historia de Estados Unidos sugiere que el sufragio ampliamente distribuido, combinado con un sistema federal de gobierno y un sistema de frenos y contrapesos en el gobierno central que reflejaba la estructura federal del sistema político, produjo un sistema bancario altamente competitivo.

Haber argumenta que si las instituciones políticas en Estados Unidos le hubiesen dado al Gobierno Federal el derecho exclusivo de autorizar la creación de bancos, el Banco de Estados Unidos (creado en 1791) hubiese mantenido su monopolio por un largo período de tiempo. En cambio, dado que los estados de la unión también podían autorizar la creación de bancos, esto no ocurrió. La competencia entre los estados y el gobierno federal, así como la competencia entre los estados, para ofrecer atractivos entornos normativos dio lugar a un sistema bancario sin precedentes en el mundo.

En cambio,  a modo de ejemplo aquí, la historia de Brasil sugiere que el simple establecimiento de un parlamento luego de declarar su independencia no logro estimular el desarrollo de un sistema bancario eficiente.  Por un lado, Brasil limito con relativo éxito la capacidad de expropiación de los distintos gobiernos, en buena medida debido a la creación de un parlamento en el que los banqueros y otros tenedores de deuda del gobierno estuvieron muy bien representados. Sin embargo, no había nada que impidiese a esos mismos banqueros que estaban sentados en el Parlamento de bloquear las cartas de autorización de nuevos bancos.

Para concluir, creo que la historia económica siempre nos sugiere interesantes respuestas a nuestras preguntas. Por supuesto, establecer relaciones causales a través de la historia es una tarea titánica, por lo cual uno debe tomar sus lecciones juiciosamente. Yo me he ido convenciendo que las sociedades necesitan limitar el poder de sus Gobiernos, sin quitarles su capacidad de de imponer las normas ni de llevar a cabo su gestión de gobierno (no es cuestión de tener gobiernos débiles). Cómo hacerlo es quizás la cuestión más difícil que enfrentamos (la pregunta, según creo yo, es cómo domar a la fiera pues esta no se domará sola). Ya lo señalé antes, pero no parece tratarse solamente de hacer “ingeniería” institucional. Como ejemplo, para concluir, es bueno notar que si bien muchos autores han visto la respuesta en el federalismo, hoy economistas y cientistas políticos no están de acuerdo que esa sea una solución general (ver, por ejemplo, Beramendi (2009)).

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Germán diciembre 5, 2010 a las 12:53 pm

Muy ilustrativo. Aunque resultan sosas las comparaciones si no se recuerda el caso de Japón. Luego de la Revolución Meiji, junto con la industrialización del país (que en términos “europeos” lo traslado desde una Edad Media hasta la segunda Revolución Industrial) creo los bancos mas grandes del mundo, respaldando y al respaldo de los trust-corporaciones.
Ahora las comparaciones resultan mas jugosas. Por ejemplo el caso de EEUU y la plena libertad de los trust previos a la Ley Sherman, o el fomento a la concentración durante las Guerras Mundiales.
O, al realizar un análisis critico del sistema bancario Norteamericano, especialmente las liviandades frente a los sistemas especulativos piramidales, tal vez una de las principales causas de la actual crisis.

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Germán diciembre 5, 2010 a las 12:59 pm

Es necesario establecer relaciones causales a través de la historia. Esto resulta una tarea titánica, por lo que se debe seleccionar tanto aquellas situaciones históricas que refuerzan nuestras creencias, como aquellas que las contradicen. El juicio reside en ello.

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Esther diciembre 6, 2010 a las 9:19 am

Muy interesante. Sin embargo, vos mismo mostras en tu articulo con Albornoz y Heymann que segun condiciones estructurales, una democracia puede expropiar mas o menos FDI. Por que el sufragio universal ayudaria a reducir la expropriacion?

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Sebastian Galiani diciembre 9, 2010 a las 12:41 am

Si, justamente. No me parece que sea un resultado general, tal cual lo digo en el post.

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HME diciembre 7, 2010 a las 1:33 pm

Sebastían,
Muy interesante tu artículo. Aca va un granito de arena para agregar a la discusión.
Entre 1837-62, en los Estados Unidos se puso en funcionamiento el Free Banking System. Si bien en este sistema cualquiera potencialmente podía abrir un banco, había algunos requerimientos importantes para poder hacerlo. Los bancos podían emitir dinero (notes) pero tenían que estar respaldadas por bonos que los bancos depositaban con un representante de el estado (en criollo, la provincia). Lo interesante es que el respaldo, los bonos, tenían que ser BONOS PÚBLICOS (salvo algunas pocas excepciones). Si el valor de los bonos caía (riesgo soberano), los bancos preferían cerrar, en cuyo caso los bonos en poder del representante provincial se utilizaban para redimir los billetes puestos en circulación por el banco, muchas veces a un gran descuento respecto de su valor nominal. Hay varios trabajos empíricos que sugieren que la tasa de quiebra de los “free banks” fue muy elevada, y que tal fragilidad puede ser asociada con las altas fluctuaciones en el valor de los bonos públicos (ver, por ejemplo, un trabajo de Jaremski en el último issue del JMCB). Obviamente estos resultados empíricos no son concluyentes y hay toda una discusión al respecto.
Igual, lo que me deja pensando a mi es lo siguiente (algo que muchas veces me pasa cuando leo historia de los Estados Unidos): los yankees probaron muchas cosas durante su historia, algunas que en la Argentina todavía estamos probando – como obligar a los bancos a mantener pocisiones sustanciales de bonos del gobierno en su portafolios (es decir, impuestos distorsivos “cubiertos con chocolate” para que no se note muy rápido). Algunas de las cosas que probaron, no funcionaron. Me pregunto si el hecho de que la economía de Estados Unidos funcione mejor que la de Argentina (al menos en ciertas dimensiones) tiene que ver, en algún grado, con haber aprendido de experiencias fallidas que los argentinos todavía estamos experimentando. No se. Por ahí esto es “wishful thinking” (hay veces, claro, que repetimos cosas que me hacen pensar que por ahí realmente no se trata de aprender de las experiencias pasadas). Pero si no lo es, entonces me parece importante desarrollar los mecanismos que nos permitan aprender lo más posible de estas experiencias. Por ahí, después de todo, sí resulta que necesitamos más economistas estudiando lo que nos pasó (y nos pasa), que se yo.

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Germán diciembre 8, 2010 a las 7:20 pm

Recuerdo que Argentina tomo el modelo Norteamericano que refiere HME. En Argentina se denomino “Ley de bancos garantidos”. Un sistema muy interesante que llevo a una de las mayores crisis económico institucionales que vivió el país, solo comparable con la de 2001-2002, que implico el cierre bancos, incluido el Banco de la Provincia de Buenos Aires y el Banco Nacional (su cierre definitivo), la salida de Juarez Celman, una cesación de pagos a la Casa Baring y del sistema financiero crediticio nacional.

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Sebastian Galiani diciembre 9, 2010 a las 12:30 am

Huberto,

Gracias por tu comentario. Haber discute varios de los cambios regulatorios del sistema bancario de US, incluyendo el que tú mencionas. Yo obviamente me concentre en mi línea argumental y no en la historia en sí misma, que no era objeto de mi interés.

Por supuesto, todas las sociedades están expuestas a cometer errores de apreciación en la elección de sus políticas, y a aprender. Este es un tema apasionante, que ojala se desarrolle mejor en la literatura.

Sin embargo, yo creo que muchas políticas que pueden ser consideradas como contraproducentes en gran medida se adoptan pues benefician a algún grupo en la sociedad que tiene la capacidad de imponerlas. Las políticas comerciales son un claro ejemplo de esto.

Argentina, en mi opinión, es un país con un alto nivel de conflicto distributivo, lo cual genera bastante volatilidad de políticas y adopción y re-adopción de políticas que parecen erradas desde cierto punto de vista. Igual, uno puede pensar que aun en estos casos, hay mucho por aprender sobre la forma de minimizar los costos de los conflictos distributivos. Por último, sabemos que al menos en teoría hay arreglos distributivos más eficientes.

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Horacio diciembre 7, 2010 a las 6:46 pm

Sebastián, muy buen post. Una pregunta marginal, cuando decís no es cuestión de tener gobiernos débiles, te referis al articulo de Pablo Gerchunoff sobre la Presidencia de Kirchner:
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1323898

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Sebastian Galiani diciembre 9, 2010 a las 12:16 am

No conscientemente! Es cierto que cuando leí la nota de Pablo me sonó rara la idea de elogio a la presidencia débil.

Una cosa que si me obsesiona es la falta de partidos políticos estables en Argentina. Los partidos políticos, en mi opinión, son importantes pues pueden internalizar los incentivos de un juego repetido de una forma fundamentalmente distinta a la de un gobierno efímero.

Al margen, una cosa que me parece bien de la nota de Pablo es concentrarse en las políticas de Kirchner y no en los resultados. La lista de políticas destacables, es, sin embargo, bastante discutible. Pero esto es harina de otro costal …

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Esther diciembre 10, 2010 a las 10:51 pm

Dado lo que está pasando (http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1332384), sería muy bueno si el Gobierno leyese este artículo y entendiese su mensaje.

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Sebastian Galiani diciembre 11, 2010 a las 2:38 am

Muy triste. Un retroceso innecesario.

Como sostengo en este post, la coacción y la fuerza son una parte tan importante de la vida cotidiana como lo son los mercados y el intercambio económico.

A la luz de estos acontecimientos, debería agregar que:

Mientras las instituciones delimitan el comportamiento humano, es a través de las organizaciones que llevamos a cabo interacciones sociales complejas.

La organización más importante de toda sociedad es el Estado.

Toda sociedad tiene que resolver el problema fundamental de mantener el orden social.

Mantener el orden social es la función principal del Estado.

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Esther marzo 28, 2011 a las 9:43 am

lanacion.com.arSebastian, nuevamente, estamos viviendo una flagrante violación a la división de poderes y alteración del orden social: http://www.lanacion.com.ar/1360875-un-pais-que-camina-hacia-el-autoritarismo
Opina sobre este tema!!
Saludos,
Esther

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Juan mayo 18, 2011 a las 3:49 pm
Sebastian Galiani abril 16, 2012 a las 4:01 pm

Como decía en esta entrada:

“Un gobierno “insolvente” más temprano que tarde termina de alguna forma apropiándose de recursos privados para financiarse. Esto es así pues el Estado posee una capacidad coercitiva que no poseen otras organizaciones en la sociedad…
..Por lo tanto, una economía moderna necesita de una organización (Estado) que haga cumplir los acuerdos entre terceros.
Sin embargo, esta capacidad de velar por el apego a las normas, requiere del desarrollo del Estado como una fuerza coercitiva. Lo cual implica que aquellos que manejan el gobierno pueden utilizar la fuerza pública en forma discrecional (y para beneficio propio). Así como el Estado puede proteger los derechos de propiedad también puede violarlos. Toda sociedad moderna enfrenta este dilema: Cómo limitar el poder predatorio del Estado sin debilitar su capacidad de imponer las normas.”

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Manu Oquendo abril 19, 2012 a las 1:06 am

“Cómo limitar el poder predatorio del Estado sin debilitar su capacidad de imponer las normas”
Pregunta oportuna.
Entre quienes han intentado darle respuesta hay algunos ya clásicos (Guglielmo Ferrero) y otros que siguen entre nosotros (Luigi Ferrajoli).
Recientemente he terminado la lectura de dos de sus obras y las cito al pie. Ambas se detienen al borde de lo políticamente correcto pero es inevitable para el lector dar el siguiente paso y llegar a la respuesta.

A mi modo de ver el problema fundamental está en la segunda parte de la pregunta: “Sin debilitar su capacidad de imponer las normas”. No es posible. Es imperativo limitar esta capacidad constitucional y formalmente.

El estado laicista moderno es el ente con mayor poder de la historia. Más que un estado teocrático. Infinitamente más poder real que la mayor tiranía de la historia y desde luego mucho más que las mal llamadas monarquías absolutas a las cuales sucedió.

Baste recordar que éstas debían convocar a los estados generales para pedirles y obtener (o no) nuevos impuestos. Los estados modernos se los aprueban a si mismos a traves del célebre cambalache del dominio del legislativo por los ejecutivos.

El papel de un agente con poder prácticamente onmímodo como es el caso del estado hegeliano –el propio de la Europa continental y sus herederos– ha sido poco explorado. Es fácil intuir que sus efectos deben ser tremendos y permean todas las dinámicas e incentivos sociales.

Es lógico, porque malamente va el estado (quienes le controlan) a dar fondos a sus súbditos para que estos descubran su naturaleza y sus efectos en el tiempo.

Por otra parte aquellos académicos que eligen este sendero y lo abordan con entusiasmo verán que su obra, por fecunda y cierta que sea, languidecerá lejos de los medios de difusión más pujantes. Los humanos todavía necesitamos de un Dios, de un Padre todo poderoso que nos de una esperanza de seguridad. Muerto Dios emerge el Estado.

El estado moderno es un ente dotado de recursos sin límite, gran inteligencia y controla toda la información.

Hace mucho que aprendió que un paradigma debe ocuparse de mantener contentos y controlados a sus posibles disidentes. Koyré y su discípulo Kuhn lo explicaron nítidamente.

Saludos y enhorabuena por la pregunta.

PD:

“Poder, los Genios invisibles de la Ciudad” 1988. Guglielmo Ferrero
“Poderes salvajes” 2011. Luigi Ferrajoli.

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